Demetrio Frangos Roccas

Demetrio Frangos RoccasCerca de treinta y cinco años, de 1932 a 1967, las humanidades de México recibieron desde la UNAM una generosa fecundación por la enseñanza del maestro Demetrio Frangos. Generaciones tras generaciones de la Facultad de Filosofía y Letras aprendieron a comprender directamente los textos griegos clásicos y a formarse con los ideales de los autores antiguos. Como un reconocimiento institucional, el 18 de diciembre de 1959, el Consejo Universitario lo designó, entre aplausos y una aclamación unánimes, profesor emérito de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. El cuerpo académico de esta Facultad celebró con júbilo el nombramiento más grande que la UNAM otorga a los maestros distinguidos.

De nacionalidad griega, nace el año 1891 en Alatsata. Después de obtener el título de bachiller en la Gran Escuela Nacional de Phanar, Constantinopla, recibe el título de contador público, expedido por la Escuela de Altos Estudios Comerciales de Marsella, Francia. Luego llega a México, que se convierte en su patria por adopción. El año 1915 inicia el “Curso de los honores” magisteriales, impartiendo la asignatura Raíces griegas y latinas en el Colegio Preparatoria de Orizaba. La vocación se amplía dos años más tarde, cuando funda la Escuela Superior de Comercio de Orizaba, y cuando es nombrado profesor de materias especiales por la Escuela Industrial Federal de Orizaba, al principiar el año 1926. Se traslada a la capital, junto con su esposa, Conchita Mayorga y sus cinco hijos, en 1931.

Se suceden los actos de vocación magisterial. Enseña Lengua griega en la Facultad de Filosofía y Letras desde 1932. Este magisterio se amplía más tarde con el Seminario de traducción griega, que formaba a los becarios destinados a multiplicar los traductores de la biblioteca bilingüe mexicana (Bibliotheca Scriptorum Graecorum et Romano-rum Mexicana). El mismo don Antonio Caso, en 1939, lo propone como profesor de Raices griegas y latinas aplicadas a las ciencias biológicas. La Escuela Nacional Preparatoria, a partir de 1940, lo nombra docente de Latín, de Etimologías grecolatinas y de Griego.

Ya sea a nivel bachillerato, ya sea a nivel facultativo, el maestro Frangos guiaba amorosamente a los alumnos hacia la comprensión de los textos. Iniciaba el aprendizaje con textos fáciles y luego introducía los difíciles o de autores clásicos. No recurría a la maraña de la gramática, pues gustaba de ir mostrando cómo era posible entender el texto vivo, a manera de una lengua cotidiana y familiar. Modo de enseñar que no apartaba, con todo, de la morfología o de la sintaxis, las cuales funcionaban en forma de báculos.

En el Seminario de traductores era otro el método. Aquí el maestro ejercitaba una verdadera colaboración personal de quien enseñaba y de quien aprendía. Antes de trabajar en un texto, explicaba su contenido, su vocabulario específico y algunas construcciones sintácticas. El alumno regresaba para exhibir su comprensión del texto mediante la traducción, para explicar la sintaxis y para hacer la interpretación correspondiente. El trabajo tenía siempre un carácter individual.

El maestro Frangos — “Franguitos” lo llamaban emotivamente sus colegas— no medía en horas su esfuerzo en favor de los alumnos, se entregaba a ellos de manera espontánea y gozosa.

Desarrollaba en la clase sus cualidades de ser humano. Había en el gesto y la mirada una actitud invariablemente bondadosa, al punto de que sus alumnos lo sentíamos recto del todo y moral sin falla. Sus palabras, su trato, sus indicaciones rezumaban el afecto y generaban alegría. Aun en medio de las explicaciones más abstractas había un espíritu amable y gracioso. Como era natural, no regañaba, repartía dulces, sembraba sonrisas y cariño. Los alumnos, por otra parte, no supimos de algún incumplimiento o de alguna molestia que experimentara por nuestra testarudez o nuestros aspectos imprudentes. Sabíamos internamente que éramos hijos suyos, hijos en el ánimo y, por eso, no causaba extrañeza que nos relacionara con su familia.

Su humildad aparece en la determinación de presentar el examen de maestría en Letras, con especialidad en Letras Clásicas, en 1954, a pesar de que los órganos universitarios responsables lo habían eximido de toda prueba, vistos sus altos merecimientos. Con actitud humilde, recibe, empero, en 1962, la Cruz de Oro de la Orden Real del Fénix, que le concedió el rey Pablo I de Grecia al reconocer su enseñanza de la lengua y la cultura griegas en México.

Otro hecho que indica el carácter del maestro Frangos es su generosidad. Al ser clausurado el Colegio Preparatoria de Orizaba, sostuvo a la institución con su propio peculio y con desinteresadas concurrencias de voluntades. V durante el año 1932 imparte gratuitamente cursos de francés.

Este maestro y hombre a plenitud, además de formar humanistas, enriqueció la cultura mexicana con obras de humanismo no fugaz: la Gramática griega teórico-práctica; la traducción de la Ciropedia, la Anábasis y el Económico de Jenofonte; las Historias de Herodoto. La última obra es inédita; las de Jenofonte fueron publicadas en la Bibliotheca Scrip-torum Graecorum et Romanorum Mexicana. Consumado el itinerario de la vida humana, el maestro Frangos nos abandona el 14 de marzo de 1981.

Julieta Margarita Tapia y Cervantes