Eduardo Nicol

Conocí al doctor Eduardo Nicol en 1974. Él tenía entonces sesenta y siete años, y era profesor emérito desde 1969. Yo tenia veinte años, y comencé a asistir a su curso de Metafísica estimulado por la lectura de El porvenir de la filosofía, del que recuerdo que me impactaron pro­fundamente, sobre todo, el capítulo titulado “Calcular no es pensar”, y su “Prefacio del temor”. La lectura despertó mi vocación filosófica, y ge­neró un estado de inquietud y perturbación en mi interior, La ex­periencia in vivo, en el salón 103 de la Facultad, no sólo fortaleció mi primera impresión, sino que marcó el derrotero que habría de seguir mi propia vida a partir de entonces. El tema de que hablaba Nicol en ese curso era la dialéctica (yo lo hice mío, y obtuve el grado de maes­tro en filosofía con una tesis sobre la dialéctica platónica, que me lle­vó cerca de diez años completar). Años mas tarde, Nicol solia bromear conmigo diciéndome que no era yo quien había elegido el tema, sino que era éste el que se había apropiado de mi.

Nacido en 1907, Eduardo Nicol realizó sus primeros estudios en Bar­celona, su ciudad natal, donde fue mas tarde secretario de la Funda­ción Bernat Metge y profesor en el Instituto Salmerón. En 1939, al fin de la Guerra civil, se vio forzado a abandonar su patria, como tantos otros republicanos, a bordo del barco francés Sinaia. Va en la ciudad de México, ingresó, en febrero de 1940, a nuestra Universidad como profesor de la Facultad de Filosofía y Letras, donde obtuvo el doctora­do con el que había de ser su primer libro, Psicología de las situaciones vitales (1941). En 1946 fundó el Seminario de metafísica, el cual diri­gió hasta 1990, y en cuyo seno ofrecía las primicias de un pensamien­to siempre lúcido y un incansable oficio de escritor. De la vasta obra que produjo, calificable sin reservas de revolucionaria y original, cabe destacar La idea del hombre (194b¡ nueva versión, 1977), Historicismo y existencialismo (1950), La vocación humana (1953), Metafísica de la ex­presión (1957; nueva versión, 1974), El problema de la filosofía hispáni­ca (1961), Los principios de la ciencia (1965), El porvenir de la filosofía (1972), La reforma de la filosofía (1980), Critica de la razón simbólica (1982), Ideas de vario linaje (1990) y Formas de hablar sublimes. Poesía tj filosofía (1990).

Espléndido orador e inigualable catedrático, durante cinco decenios de servicio universitario a México, Eduardo Nicol fue un gran maestro que contribuyó a la formación de muchas generaciones. Seguramente, lo medular de su enseñanza no hay que ubicarlo dentro de los estre­chos limites del ámbito académico —lo que suele llamarse “formación profesional”- sino en algo más profundo y radical: la formación y la trans-formación humanas, el ejemplo vivo de autenticidad vocacional que él siempre encarnó. Al recordarlo ahora, no es inoportuno citar unas palabras suyas, que pronunció en 1989. Agradeciendo a la Uni­versidad en nombre de los profesores republicanos emigrados —que no “transterrados”— concluyó así su discurso:

Yo llegué a esta tierra cuando ya era profesor, pero mi obra entera la he escrito en México. En este sentido específico, cabe decir que aquí me he formado, a la vez que se iba formando la universidad que aho­ra tenemos. Digo ahora, cuando ya está cercano el fin, que me siento bien pagado si algunos creen que el proceso de esa formación mía personal ha podido contribuir a la otra. En todo caso, fue una tarea gozosa. Hacer lo que uno quiere. Pensar y enseñar a pensar. ¿Qué más puede pedirse?

 

Enrique Hülsz Piccone

Documentos de Eduardo Nicol