Jorge A. Vivó Escoto

Jorge VivóEl doctor Jorge A. Vivó Escoto, el amigo, el colega, el profesional, el universitario, el científico, el humanista y sobre todo el maestro. No es fácil hacer la semblanza de un hombre de la estatura humana e in­telectual del doctor Vivó. Su gran personalidad, así como las múltiples facetas de su vida, hacen que toda semblanza sea incompleta.

Sin duda se le reconoce como una personalidad desatacada dentro del ambiente académico nacional y como la figura más importante de la geografía en México, desde 1940 en adelante. La mayor parte de su vida la dedicó a la formación de geógrafos quienes, siguiendo su ejem­plo, se han incorporado a la docencia y la investigación.

Hombre de férrea voluntad y una capacidad de trabajo poco común, siempre se prestó a colaborar en todo aquello que diera realce a la geo­grafía; con la sencillez que lo caracterizaba, atendía por igual a los estudiantes, a sus colegas y a funcionarios públicos, inclusive a los que fueron presidentes de la República.

Preocupación fundamental en su vida fue la problemática de Méxi­co, por lo que muchas personas pensaban que era mexicano; en rea­lidad nació en La Habana, Cuba, el 22 de febrero de 1906.

Desde joven demostró su gran inclinación intelectual y dedicación por el estudio, lo que le hizo obtener, a los diecinueve años, el doctora­do en Derecho, carrera que realizó por dar gusto a su padre, pero que nunca ejerció. Su verdadera vocación fue la enseñanza, en la cual se inició desde 1923 en Cuba, y que tuvo que abandonar en 1929 por su participación activa en la lucha política contra las dictaduras, prime­ro, de Gerardo Machado, y después de Fulgencio Batista.

Ya en México, cursó estudios de economía, antropología y geografía; en esta última se doctora en 1956 con magna cum laude. Ésta amplia for­mación académica le permitió hacer investigaciones y dirigir tesis de una gran gama de temas, tanto de antropología como de geografía física y geografía humana.

A partir de 1936 se inicia en la labor editorial —una de sus activi­dades más relevantes— y así se encarga de la edición de los Anales del Instituto Nacional de Antropología e Historia, del Boletín bibliográfico de antropología americana y de la Revista geográfica (estas últimas del Ins­tituto Panamericano de Geografía e Historia), así como de Afroamé-rica, del Instituto Nacional de Estudios Afroamericanos. A partir de 1961, y hasta su muerte, editó dieciséis volúmenes del Anuario de Geo­grafía, publicado por la Facultad de Filosofía y Letras de la unam, el que, gracias a su trabajo personal, llegó a tener un canje con alrededor de cuatrocientas instituciones académicas de América, Asia, África y

Europa, lo que ha hecho que, hasta la fecha, sea la única publicación geográfica mexicana con arbitraje internacional.

Otra de sus actividades sobresalientes es, sin duda, la de autor, y sus publicaciones en libros y artículos suman más de noventa y cinco. Lo mismo le preocupaba publicar lo más relevante de su quehacer científi­co, en el que siempre estaba al día, que poner al alcance de los alumnos materiales actualizados que apoyaran sus estudios.

A partir de 1945 sus libros de texto se convirtieron en libros de con­sulta indispensables para los alumnos: Geografía física (diecisiete edi­ciones), Geografía humana y económica (quince ediciones), Geografía política (seis ediciones) y Geografía de México. En su Climatología de México, de 1946, introduce en México la clasificación de W. Kóepprn, que se baria de uso internacional. No puede dejar de mencionarse una obra que, pese a que fue publicada en 1955, sigue teniendo total actua­lidad; se trata de La conquista de nuestro suelo, por la que se hizo me­recedor del Premio Nacional del Banco de México.

La donación de libros fue para él una práctica continua con el fin de poner a disposición de los alumnos lo más reciente de las publica­ciones geográficas. Una buena parte de la Biblioteca del Colegio de Geografía, que él inició, fue donación del maestro. Los alumnos así lo reconocieron, y la generación 1974-1978 decidió poner el nombre del doctor Vivó a esa biblioteca. Sencillo pero merecido homenaje al que­rido maestro.

Infatigable, organizó múltiples eventos académicos para dar proyec­ción a la geografía mexicana, ya fueran congresos, conferencias regio­nales, mesas redondas, seminarios, etcétera. Aún en la actualidad, en la Unión Geográfica Internacional, se recuerda con admiración la Con

ferencia Regional Latinoamericana que se realizó en México en 1966.

Perteneció a doce sociedades científicas y de profesionales. En todas ellas participaba y tenía continua correspondencia, que escribía per­sonalmente en su vieja máquina de escribir, así como todos los demás trámites que realizaba, ya que nunca contó con una secretaria que le ayudara.

Su vocación por la enseñanza lo hizo incorporarse al magisterio desde 1937, primero en escuelas secundarias y después en diversas ins­tituciones: Instituto Nacional de Antropología e Historia, Escuela Na­cional Superior, Escuela Nacional de Economía, Escuela Superior de Guerra, Escuela Militar de Meteorología, Instituto Politécnico Nacional, Universidad Iberoamericana y, desde luego, en el Colegio de Geografía de la Facultad de Filosofía y Letras de la unam, donde impartió clase hasta el día de su fallecimiento, y en donde mereció el mayor honor que puede tener un auténtico universitario: ser nombrado profesor emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Sus cátedras no terminaban en el salón de clases. Continuaban en los pasillos, en su cubículo e incluso en el estacionamiento de la Fa­cultad. Cualquier estudiante que requería su atención era atendido hasta quedar satisfecho. Para completar la formación de recursos hu­manos, dedicó sus horas de descanso, ya fuera en la noche o en fines de semana, a la dirección de tesis. De él nació la idea de que el Colegio se llegara a convertir en una Facultad de Geografía.

Si bien en vida el doctor Vivó supo despertar a todos respeto y ad­miración, hoy, después de su fallecimiento el 13 de julio de 1979, su fi­gura y su obra se vuelven inconmensurables. Hoy más que nunca se reconoce la proyección de su trabajo, su responsabilidad, disciplina y constancia; la fidelidad a sus ideales y su ejemplo de colaboración y ayuda otorgadas con toda sencillez a todo aquel que las requería; toda su vida estuvo regida por la honradez y la honestidad.

Al principio exponíamos que cualquier semblanza que se hiciera se­ría incompleta y es que se trata nada menos que del amigo, el colega, el profesional, el universitario, el científico, el humanista y sobre todo el maestro: el doctor Jorge A. Vivó. Para él, por siempre, nuestros cari­ñosos recuerdos y nuestro total reconocimiento y respeto académico.

 

María Isabel Lorenzo Villa