Juan Miguel Lope Blanch

No obstante ser autor de una vasta y fundamental obra de investiga­ción en filología hispánica, Juan M. Lope Blanch encuentra su satis­facción académica más profunda en los cuarenta y un años de ejercer cátedra, con dedicación y entrega admirables, en nuestra Facultad.

Alumno de Dámaso Alonso y Rafael Lapesa, dos figuras señeras de la filología de este siglo, Lope Blanch llegó a México en 1951, después de haber obtenido la licenciatura en Filología Románica, en la Univer­sidad Central de Madrid, y un diplomado en Lingüística Española, en la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo, de Santander. Es aquí en México, en la Facultad de Filosofía y Letras de la unam, donde obtuvo, en 1962, su doctorado en Letras Españolas. Nuestra máxima Casa de estudios lo hace profesor emérito en 1984 y le otorga el Pre­mio Universidad Nacional en el área de Docencia en humanidades en 1987.

En marzo de 1952, Lope Blanch se hace cargo, en nuestra Facultad, del curso de Gramática española. A partir de ese momento, la asigna­tura de Curso superior de español II, nombre que recibe dicha materia en el Plan de estudios de la licenciatura en Lengua y Literaturas His­pánicas, se convierte en piedra de toque del área de lengua de la carre­ra. El maestro imparte la materia, dándole un contenido vastísimo: todos los conocimientos lingüísticos y gramaticales que un alumno debería aprender a lo largo de sus estudios universitarios le son ofre­cidos en esa clase. Sin escatimar esfuerzo alguno, año tras año, por más de tres décadas, tanto en el turno matutino como en el vespertino,  Lo­pe Blanch ejerce, sin descanso, su cátedra, pues bien sabe él que si no lo hace así, los estudiantes quedarán ayunos del saber fundamental de la lingüística de nuestro siglo. Esta situación empieza a cambiar gra­dualmente a partir de los años setentas, cuando un pequeño grupo de jóvenes profesores, formados por el mismo Lope Blanch, comienza a hacerse cargo de las materias de lengua.

Pero no solamente Juan M. Lope Blanch dio una nueva dimensión al área de lingüística y filología en la licenciatura, sino que abrió el camino de los estudios de posgrado al crear la maestría y el doctorado en Lingüística Hispánica a finales de la década de los sesentas. Tanto en la licenciatura como en el posgrado, nuestras aulas han escuchado las sabias disertaciones de Lope Blanch, además de sobre gramática y lin­güística, acerca de filología hispánica, dialectología, español de Amé­rica, español de México, filología románica… Ha dado, asimismo, a nuestra Facultad, una revista de gran prestigio, el Anuario de Letras, que fundó en 1961 y que desde entonces ha dirigido.

Por la brevedad del espacio que me fue concedido, no puedo ocupar­me aquí de la obra de Lope Blanch como investigador. Ya señalé que ésta es fundamental y sólo agregaré que, en 1967, funda el Centro de Lingüistica Hispánica, espacio para el estudio del español mexicano en la inam.

He dicho en otro sitio que recorrer la historia de los estudios de lin­güística hispánica en México y llegar a su etapa más vigorosa es, ne­cesariamente, encontrarse con la historia académica de Juan Miguel Lope Blanch, con sus enseñanzas, con sus investigaciones. Añado aho­ra: transitar por el suceder de la carrera de Letras Hispánicas de nues­tra Facultad es hallarse con la sabiduría magisterial de Lope Blanch.

Hace ya cuarenta y un años que el entonces joven profesor Lope Blanch dio su primer curso en la licenciatura de nuestra carrera. Hoy, el maestro emérito sigue impartiendo su cátedra a los muchachos de ese nivel. ¡Sabia enseñanza para quienes abandonan a los alumnos en formación!

 

Elizabeth Luna Traill