Luisa Josefina Hernández

luisa josefina  hernandez“El teatro mexicano no ha tenido el teórico que merece. Ha habido intentos, balbuceos, escarceos muy respetables”. Los más importantes: Usigli, Solórzano, Arguelles. “Empero, el único caso sólido, fructífero (diseminado en la cátedra) coherente y rara avis de precisión es el de la maestra Luisa Josefina Hernández y su teoría del drama”, señala, con gran acierto, Tomás Espinoza.

La división por géneros arroja luz sobre lo que debe ser una crítica dramática muv diferenciada de la crítica literaria. Es la maestra Luisa Josefina Hernández quien descubre —para los teatristas de habla hispana— las teorías de Eric Bentley y Kitto, glosándolas de manera genial, ampliándolas con un horizonte que ni ellos mismos habrían considerado posible.

De manera esclarecedora, combina elementos dados, comunes a todo drama, como son el personaje, la trayectoria de la figura dramática de la obra, el tono, la concepción y la relación que existe entre el público y la obra.

El privilegio de escuchar su cátedra ha sido, para dramaturgos, directores y actores, el escalón sólido para acceder al conocimiento del drama y la escena, como lecturas que concuerdan en la cristalización del fenómeno teatral.

Sería imposible seguir el camino del teatro actual, bien concebido y visualizado, para ser concretado en una realización específica, sin el conocimiento de las teorías de Luisa Josefina Hernández.

Afortunadamente, sus conocimientos han trascendido —no sólo en México, sino también en las grandes capitales del teatro— por los prólogos a las obras de los clásicos griegos y de los más notables autores contemporáneos, así como por sus artículos, conferencias y por su fascinante exégesis en el aula.

Desde que estudió en nuestra Facultad dio destellos de genialidad. Alumna predilecta de Usigli, Wagner, Ruelas, Jiménez Rueda y tantos otros, la leyenda dice, que en su examen profesional demostró que tenía más conocimientos que los profesores que conformaban su jurado.

En el año 1950 publica su primera obra. Prosigue por la magnánima senda de la enseñanza, notable maestra. Confiesa que a Carballido le debe “completamente haber empezado a escribir teatro, él me empujaba y hasta me perseguía para que lo hiciera”. Ha recibido infinidad de reconocimientos, entre otros, profesora emérita de la Facultad, aunque no la comprensión de que es merecedora, como una de las más brillantes intelectuales mexicanas.

Néstor López Aldeco