Margo Glantz

Margo GlantzMarzo de 1970. Al volver la vista atrás, los recuerdos se me agolpan como bola de cristal —a la inversa—; el pasado se me revela primero borroso y poco a poco las imágenes van cobrando forma, color y la fisonomía del entorno y del contorno se vuelve nítida, clara y es entonces, en ese momento, cuando recuerdo que la Facultad en su planta baja estaba flanqueada por un amplio ventanal y desde el llamado “Aeropuerto” se contemplaban y nos acompañaban nuestros enormes volcanes, vigías permanentes del tiempo que inexorablemente fluye.

Fue en la primavera de ese año cuando, junto a todo esto que veía y contemplaba, por primera vez que descubrí una figura alta, esbelta, elegante: Margo Glantz, y descubrí también por primera vez lo que era conocer en presencia y con figura a una fuente —diría yo— inagotable de conocimientos; materia: Literatura comparada; aula: 102, y de pronto el aula se convirtió en un buque mágico, la asignatura en un mar turbulento donde autores, obras, anécdotas, análisis, comentarios eran conducidos con vehemencia, pasión, entusiasmo y firmeza por Margo Glantz, quien miraba cómo todo era recogido en la playa silenciosa y ondulante que conformaban sus absortos alumnos.

Y es cierto. Margo es ese torbellino de ideas que se agolpan mucho más rápido que las palabras y éstas conforman un universo literario donde lo antiguo convive con lo actual, lo extranjero con lo propio, lo culto con lo popular; es ese universo donde no hay fronteras, no hay líneas divisorias, no hay diques, la cátedra de Margo es ese pasaporte sin refrendo donde se transita libremente sin tiempo ni espacio determinados, es un todo donde la literatura es guiada por la mano magisterial de una maestra también sin fronteras.

Pero los mares donde Margo se sumerge no son sólo los de la docencia, ya que también conoce los azules profundos de la creación y la crítica donde navega también sin límites, y de Doscientas ballenas azules, pasamos a Las mil y una calorías (novela dietética), para quedar atrapados en La amorosa inclinación a enredarse en los cabellos, donde la obra de Calderón se convierte en verdadera artesanía de filigrana.

De esta manera, Margo Glantz cumple con ese ideal de mujer contemporánea: maestra que investiga, investigadora que enseña deleitando y ese mismo e inmanente deleite nos lo regala en cada obra de creación.
Profesora invitada en varias universidades del país y del extranjero, funcionaría de distintas dependencias de la unam, ha desempeñado, también, cargos públicos en la Secretaría de Relaciones Exteriores.

La doctora Glantz ha sido distinguida con varios premios y reconocimientos, entre otros el Premio “Magda Donato” (novela) y el Premio Universidad Nacional en el área de Aportación Artística y Extensión de la Cultura, 1991. Sin embargo, lo anterior me lleva a pensar que los verdaderos premiados somos aquellos que la hemos conocido y que abrevamos en ese mundo mágico de su pluma y su palabra.

La figura elegante, con ese cigarrillo siempre juguetón en la mano sobre la que resalta un anillo ambarino y desmedido, sigue bañando las playas soñadoras de esta Facultad.
V yo, igual que todos los que la conocen y admiran, espero que esa figura alta y elegante que descubrí hace ya más de veinte años continúe por muchos años envolviéndonos suavemente en las infinitas aguas azules de su profundo saber y amor por la literatura.

Marcela Palma