Wenceslao Roces

Wenceslao Roces 2La terrible Guerra civil española de 1936-1939, que tantas consecuen­cias nefastas provocara, tuvo, sin embargo, un notable efecto positivo sobre México, en especial para nuestra Facultad, en virtud de que en ella encontraron un seguro refugio intelectuales de primer orden, quie­nes vinieron a enriquecer sobremanera nuestra vida académica. Cómo poder olvidar a maestros de la talla de Pedro Bosch Gimpera, José Gaos, Joaquín Xirau, José María Gallegos Rocafull, Eduardo Nicol, Wenceslao Roces, a quienes debemos tanto institucional y personalmente.

El doctor Wenceslao Roces Suárez había arribado un poco más tarde que los demás, tras una estancia de poco más de dos años, entre 1940 y 1942, en las universidades de Santiago de Chile y La Habana, y luego de dar clases de Derecho romano en la Facultad de Derecho de la unam. No obstante, por vocación, prefirió pasar a la Facultad de Filosofía y Letras, en la que fue Profesor de Tiempo completo e impartió las cáte­dras de Historia de Grecia, Historia de Roma, Seminario de materialismo histórico e historia antigua, Filosofía marxista y Materialismo histórico.

Nacido en 1897, el doctor Roces era originario de Soto de Sobres-copio, en Oviedo, España. Obtuvo la licenciatura en Derecho en la Universidad de Oviedo y su doctorado en la de Madrid, en ambas con honores. Tras este hecho, ocurrido en 1922, fue a estudiar a Alemania, donde completó la sólida formación que le permitiera acceder, a los veintiséis años, a la titularidad de la cátedra de Derecho romano en la Universidad de Salamanca. En ella creó y dirigió, hasta 1931, el Semi­nario de estudios histórico-jurídicos.

En ese momento, Roces había iniciado una creativa etapa de pro­ducción académica personal, publicando varios artículos de su es­pecialidad en la Revista de derecho privado de Madrid: “La división de la cosas común entre los romanos”, “La Cláusula rebus sic stantibus”, “La idea de la justicia en la jurisprudencia romana”. Pero pronto sería atraído hacia la agitada vida política española de la época, con una activa participación militante en el Partido Comunista, que lo conduci­ría a puestos dirigentes, llegando a ser, de 1936 a 1939, subsecretario de Instrucción Pública del gobierno republicano. Cabe destacar aquí su honestidad y firmeza en sus convicciones marxistas, que conserva­ría hasta su muerte, el 29 de marzo de 1992, pese a diversas circunstan­cias, incluidas las de la decepción en su retorno a España, en que fue electo senador, puesto al que renunció por su desacuerdo con las nuevas tendencias del Partido Comunista de España, razón por la cual regresó a México.

En la etapa de gran actividad partidista no abandonó sus activida­des intelectuales, y dirigió las editoriales Cénit y Logos, desarrollando en ellas una de sus más importantes labores, que sería la de vertir al español una considerable cantidad de textos, que lo convierten en uno de los más grandes traductores —tanto en términos cuantitativos como cualitativos— de este siglo. En su vida tradujo de varias lenguas, pe­ro principalmente del alemán, decenas de miles de cuartillas, sobresa­liendo las obras de autores como Ranke, Mommscn, Meyer, Dilthey, .Jaeger y muchos más; pero especialmente sus versiones de los textos de Marx y Engels, de los cuales creó una colección de Obras escogidas para la editorial Fondo de Cultura Económica, destacando, por su impor­tancia y grado de dificultad, el AntiDühring, El capital, Historia critica de la teoría de la plusvalía y los (irundrisse; de la misma forma, resul­tan dignas de mención las Lecciones de historia de la filosofía y la Feno­menología del espíritu de Hegel.

No obstante, esta espectacular obra de traducción tuvo el efecto nega­tivo de inhibir su propia creatividad, salvo cuando la presión de los amigos o las circunstancias lograban que publicara escritos propios, co­mo fue el caso de sus artículos “El vicio del modernismo en la historia antigua”, “La historiografía soviética y la historia antigua”, “La cultura de nuestro tiempo”, o su ensayo sobre Los problemas de la Universidad, amén de innumerables prólogos e introducciones a los textos por él traducidos.

Durante su vida, y pese a ser reacio a aceptar homenajes, fue objeto de importantes distinciones, como la de Profesor emérito por la Facul­tad en 1969; el doctorado honoris causa por las Universidades de Mi-choacán y del Estado de México; la condecoración de la Orden del Águila Azteca en 1980, por el gobierno mexicano; y el Premio Univer­sidad Nacional en 1985.

Para finalizar, cabe enunciar algunas de sus grandes cualidades co­mo maestro y como hombre: su laboriosidad, su enorme capacidad y disciplina de trabajo, su honestidad personal e intelectual, su espíritu crítico y disposición a transmitirlo, su apertura, su comprensión des­pojada de paternalismo, su convicción en la valía de los jóvenes, su dignidad

 

 

Ernesto Schettino Maimón